La comida se disfruta

Esta semana descubrí algo que, por obvio, quizá me había cerrado a ver:

La comida de disfruta… Sí. Así de sencillo.

Y me sorprende darme cuenta de que, durante años, mientras intentaba crear recetas cada vez más saludables y bajas en calorías, en algún punto olvidé algo que disfruto: cocinar.

Olvidé lo bonito que es combinar sabores, texturas, colores… incluso temperaturas. Crear algo que se antoje, que huela rico, que disfrutes desde que lo estás preparando.

Porque en algún momento empecé a pensar primero en «¿qué tan saludable es?» y después en «¿qué tan rico está?».

Y algunas veces el resultado era… bueno, saludable sí.

Pero también un poco insípido, seco o incluso acartonado.

No se trata de obsesionarnos con que todo sea «0% grasa» o «0% carbohidratos», como marcan las tendencias. Tampoco de competir con la comida apetitosa pero muy procesada o «cargada» en calorías.

Creo que el camino está en otro lugar.

Comida sencilla, lo más natural posible, práctica, nutritiva, pero en especial ¡deliciosa!

¿Se puede?

Pues como casi todo en la vida: con equilibrio.

Y justo este fue el descubrimiento de la semana, que para nada es la panacea, pero que resume en lo que me perdí estos años: pensar en extremos. O todo mal o todo bien. O todo frito con azúcar, o todo cocido y sin sabor.

Cocinar con gusto. Cocinar rico, con sabor. Disfrutar lo que comemos. Preferir lo saludable, sin prohibir los alimentos, sin miedo a disfrutar, sin convertir cada comida en un examen de nutrición.

Es curioso porque esto es algo que siempre he dicho.

Pero creo que una cosa es saberlo… y otra muy distinta es realmente asumirlo.

La comida puede ser saludable, nutritiva y, al mismo tiempo, ser lo que siempre debió ser: un placer.

Gracias por leerme y por acompañarme en estos pequeños descubrimientos de la vida y de la alimentación.

Martha 🍉

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